lunes, 14 de marzo de 2011

Excursión al Valle del Jerte

En el valle del Jerte la floración del cerezo es algo más tardía que en la montaña alicantina. El clima es más frio y eso hace que hasta finales de marzo y a veces principios de abril no comience a verse los primeros cerezos en flor. El maravilloso espectáculo tan sólo dura unos diez días por lo que para acertar de pleno con la fecha idónea en la que el valle se convierte en un manto blanco de flores es conveniente hacer un seguimiento del estado de la floración a través de cualquier informante del lugar, pues como es lógico depende de cómo venga el tiempo ese año y de cómo evolucione en esos días.
Suele ocurrir que cuando ya estás seguro de la fecha para realizar el viaje, es algo tarde y es más difícil encontrar alojamiento. Pero no importa. Una alternativa es alojarte en cualquier localidad del vecino valle de La Vera. Desde Madrigal de la Vera hacía abajo, hasta Plasencia, hay muchas casas rurales y hoteles con encanto que te aseguran una estancia muy agradable. Nosotros estuvimos en un encantador hotel rural de Jaraíz de la Vera, en la parte baja del valle y eso nos permitía visitar todo el valle, Cuacos de Yuste, El Monasterio de Yuste, Jarandilla de La Vera, Aldeanueva…, así como llegar en muy poco tiempo a Plasencia, centro neurálgico del cual parten las carreteras que recorren los distintos valles de la zona.
Para ver los cerezos en flor hicimos una excursión dando un pequeño rodeo. Desde Plasencia tomamos la Autovía de la Plata, hacia el norte, hacia el valle del Ambroz, y nos desviamos en Hervás, donde hicimos una parada para visitar la localidad y almorzar. Hervás se caracteriza por tener una de las juderías mejor conservada de España. El barrio, de calles estrechas y angostas, con casas bajas y engalanadas con macetas de flores en sus paredes y balcones, se desarrolla desde las faldas del castillo, cuesta abajo, hasta el rio Ambroz. El arraigo de los usos y costumbres judaicas en la localidad es tal que todos los años, a principios de verano, celebran la llamada Fiesta de los Conversos rememorando durante varios días con actos populares los tiempos, allá por el siglo XV, en los que convivían pacíficamente cristianos y judíos antes de ordenarse la expulsión de estos por parte de los Reyes Católicos. Después de comer en uno de los restaurantes del barrio judío, recorrimos tranquilamente las calles entonces desiertas hasta llegar al rio. Al otro lado, pasando el puente de la Fuente Chiquita, se encuentra el Museo de la Moto y el Coche Clásico. Museo que contiene más de trescientos unidades en el interior de ocho modernos pabellones y que está situado insólitamente en este lugar debido a la iniciativa de Juan Gil, empresario nacido en Hervás y gran aficionado a las motocicletas.
Salimos de Hervás en dirección a Cabezuela por una carretera local que sube hasta el puerto de Honduras, entre los valles del Ambroz y del Jerte. A la bajada, enlaza con la carretera N110 en un cruce situado entre los pueblos de Jerte y Cabezuela del Valle. El paisaje, tanto a la subida como a la bajada del puerto, es digno de ver. Sobre todo cuando, ya bajando, se vislumbra el manto blanco de las flores de los cerezos que inundan todo el valle. Valió la pena hacer el rodeo para poder disfrutar de una vista tan espectacular. Aunque era algo tarde, todavía había suficiente luz como para hacer algunas fotografías, cosa que hicimos al igual que el gran número de turistas que todavía quedaban en los pueblos y en la carretera que recorre el valle. Regresamos a Plasencia por esta carretera, que discurre entre cultivos de cerezo, con la intención formada de llevarnos, antes de terminar nuestra visita, al menos una botella de licor de cerezas del que elaboran en casi todos los pueblos de la zona ya que, como es natural, para que la flor blanca del cerezo se convirtiera en el sabroso fruto todavía faltaban unas cuantas semanas.

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